Puritanismo

Movimiento que surge dentro de la Iglesia anglicana en la segunda mitad del siglo XVI, que intenta llevar la reforma de esta Iglesia más allá de las normas establecidas durante el periodo isabelino (1559), en un intento de conformar un espacio de entendimiento entre el catolicismo y las ideas de los reformistas protestantes.

Tuvo una cierta importancia hasta la Restauración de los Estuardo (en 1660).

El término puritanismo se utiliza también en un sentido más amplio para referirse a las actitudes y valores característicos de los puritanos.

De este modo, los separatistas en el siglo XVI, los cuáqueros o sociedad de amigos en el siglo XVII, y los no conformistas pueden ser denominados puritanos después de la restauración, aunque ya no formaban parte de la Iglesia oficial.

Los fundadores de Nueva Inglaterra, para quien la emigración al Nuevo Mundo suponía de hecho, aunque no de forma abierta, una escisión de la Iglesia anglicana, son también denominados, por lo general, puritanos.

Por último, la palabra puritanismo se utiliza con frecuencia como un término que impone una moral rígida en asuntos sexuales y establece criterios estrictos en temas religiosos.

Incluso dentro de la Iglesia anglicana, es difícil encontrar una definición precisa del puritanismo.

Un destacado sacerdote puritano, en el reinado de Isabel I, fue Thomas Cartwright, quien negó serlo.

Es recordado, en particular, por su defensa de la política presbiteriana; pero el puritanismo no puede identificarse con el presbiterianismo, porque un mayoritario sector del movimiento adoptó, más adelante, el congregacionalismo.

Se puede hacer una distinción doctrinal entre la teología calvinista de los puritanos y el arminianismo del arzobispo William Laud, jefe de la fracción opuesta en la época del rey Carlos I, pero en la práctica la línea fronteriza entre los calvinistas y los arminianos es poco nítida.

La esencia del puritanismo yace en la intensidad del compromiso de los puritanos con una moral, una forma de culto y una sociedad civil que interpreta rígidamente los mandamientos de Dios.

La teología puritana es una versión del calvinismo.

Afirma la naturaleza pecaminosa que caracteriza por esencia a la especie humana; pero también declara que, por mandato eterno, Dios ha determinado que algunos se salvarán a través de la justicia de Cristo a pesar de sus pecados.

Nadie puede estar seguro en esta vida de cuál va a ser su destino eterno.

A pesar de todo, la experiencia de la conversión, en la que el alma queda iluminada por el Espíritu Santo, con lo que el corazón en su fuero interno pasa del pecado a la santidad representa, al menos, una indicación de que uno forma parte de los elegidos.

La experiencia de la conversión era, por lo tanto, crucial para la espiritualidad puritana.

La mayoría de las predicaciones puritanas estaban relacionadas con esta prueba: ¿por qué no pueden todas las personas convertirse?; ¿cómo se produce la conversión, ya sea en un instante de iluminación cegadora, como le sucedió a san Pablo en el camino a Damasco, o siguiendo etapas bien definidas de preparación?; ¿cómo puede uno distinguir lo verdadero de lo falso?.

La vida puritana espiritual subrayaba la autodisciplina y la introspección, a través de las que cada cual intenta determinar si sus esfuerzos espirituales son signos genuinos de santidad.

Aunque puede que no se alcance la seguridad completa, la convicción de haber sido designados por Dios fortaleció a los puritanos para rechazar lo que consideraban como lascivia en la sociedad e infidelidad en la Iglesia, y tolerar las penas que conllevaba crear una mancomunidad cristiana en el Nuevo Mundo.

El puritanismo no era estático ni inmutable.

Al principio sólo se mantuvo para una mayor reforma en el culto, pero pronto empezó a atacar al episcopado por no ajustarse al mensaje bíblico.

A veces las diferencias entre los puritanos y anglicanos parecen ser más una cuestión de valores culturales distintos que de opiniones teológicas dispares en materias relevantes, como cuando se habla del sabath como día del Señor (insistencia en la estricta observancia del día de descanso) entró en conflicto con la defensa del rey Jacobo I de practicar deportes y juegos los Domingos.

El puritanismo se convirtió en un movimiento político así como religioso cuando la protesta parlamentaria en contra del despotismo de los Estuardo se mezcló con la protesta religiosa en contra de la política del arzobispo Laud de obligar al conformismo.

Tanto en Inglaterra durante la república de Cromwell (1649-1660), como en el siglo XVII en Nueva Inglaterra, el puritanismo ejerció la dirección y el control de la autoridad civil.

El puritanismo no era un movimiento unido y homogéneo por completo.

En 1580, los separatistas fueron condenados con dureza por otros puritanos.

Cuando la asamblea de Westminster (1643) quiso definir la doctrina y el Gobierno, las diferencias entre los presbiterianos e independientes (congregacionalistas) quedaron de manifiesto.

En los disturbios de 1640, brotó un gran número de pequeñas sectas, subrayando los aspectos de la doctrina puritana que reconoce el benéfico influjo del Espíritu Santo en el alma del creyente frente a los errores de que encarnan los representantes del orden social y la autoridad.

Con la restauración de los Estuardo, muchos puritanos aceptaron el Libro de la oración común y la regla episcopal; otros se vieron forzados a la no conformidad permanente.

En un sentido, por lo tanto, el puritanismo fracasó.

Su influencia ha persistido, sin embargo, en el metodismo en el siglo XVIII y en el evangelismo en el XIX. Más aún, en Estados Unidos, el temperamento moral del puritanismo y su sentido de ser un pueblo elegido en alianza con Dios afecta de un modo profundo al carácter nacional.