Justificación

En la teología cristiana, procedimiento por el que la relación entre Dios y una persona creyente, quizá desvirtuada o rota por el pecado, queda restaurada. La palabra justificar significa en un sentido literal 'rectificar' o 'hacer justa una cosa'.


La interpretación bíblica

La justificación tiene sus raíces en la idea hebrea de alianza.

En el antiguo Israel, establecer una alianza con otra persona implicaba asumir obligaciones para las dos partes.

Aquellas personas que eran fieles a las obligaciones conservaban la alianza y eran tenidos por justos (en hebreo, tsedeq).

En el caso de la alianza entre Dios e Israel, la obligación de Dios se entendía como la defensa y reivindicación de su pueblo.

Su justicia se manifiesta en sus actos de redención:

Salmo. 98

2. El Señor ha hecho conocer su salvador, ha mostrado su justicia a los ojos de las naciones.

Isaías: 51

5. Está para venir mi Justo. El Salvador que yo envío está ya en camino, y mi brazo regirá los pueblos; las islas o naciones de la tierra me estarán aguardando, y esperando en el poder de mi brazo.

La obligación de Israel, por su parte, era obedecer la voluntad de Dios como está revelado en la Torá, el Libro de la ley. Ser justo, por lo tanto, era una obligación en el sentido más usual de la palabra: una obligación moral.

El Nuevo Testamento asume que Israel había roto su alianza con Dios y que la comunidad cristiana primitiva había conocido la restauración de esas relaciones de alianza a través de Jesucristo.

De hecho, se estableció una "nueva alianza". San Pablo explicó los resultados de la muerte y resurrección de Cristo en términos de justificación. Los cristianos se encontraron en buenas relaciones con Dios.

Sin embargo, en esta nueva situación la justificación no se producía como consecuencia de lo que los creyentes hubieran hecho. La nuevas relaciones se establecieron en exclusiva por el poder y la misericordia de Dios.

El papel de los creyentes consistía en creer y confiar:

Gálatas: 2

16. Sin embargo, sabiendo que no se justifica el hombre por las obras solas de la ley, sino por la fe de Jesucristo, por eso creemos en Cristo Jesús, a fin de ser justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley, por cuanto ningún mortal será justificado por las obras de la ley.

Romanos: 3

24. siendo justificados gratuitamente por la gracia del mismo, en virtud de la redención que todos tienen en Jesucristo,


San Agustín

San Agustín, el gran teólogo del siglo IV, recurrió a la doctrina de san Pablo sobre la justificación en la polémica que sostuvo con el teólogo británico Pelagio. Sin embargo, san Agustín puso más énfasis en la gracia que en la justificación.

En lo referido a justificación, adoptó la palabra latina justificare en su acepción literal, en cuanto que significa 'hacer justo'. San Agustín entendía la justificación como un proceso por el que una persona se hace más justa, un equivalente virtual de la santificación.


Teología medieval

Los teólogos escolásticos medievales siguieron a san Agustín insistiendo en la prioridad absoluta de la gracia de Dios, sin la que no era posible una nueva relación; pero tuvieron en cuenta la eficacia de las obras realizadas por la persona antes de la justificación preparando el camino para la gracia. 

Además, aunque la gracia se considerara suficiente para la salvación, ésta no podía llevarse a cabo sin la colaboración de la voluntad humana. Además, la gracia se dispensaba a través del sistema penitencial, bajo el que la persona tiene que hacer un mínimo acto de contrición antes de poder recibir la gracia.


La Reforma

En el siglo XVI Martín Lutero se propuso recuperar el sentido de justificación de san Pablo.

Su doctrina constituyó una dinámica importante para la Reforma protestante. Había luchado en vano contra un remordimiento de conciencia bajo el sistema medieval de penitencia, y no podía atribuir a su voluntad el poder que se requería para ello.

En un estado de profunda turbación leyó la epístola a los Romanos. La frase: "el justo vivirá por la fe":

Romanos: 1

17. Y en la buena nueva es en donde se nos ha revelado la justicia que viene de Dios la cual nace de la fe, y se perfecciona en la fe, según aquello que está escrito: El justo vive por la fe.

le conmovió de un modo radical. Interpretó esta experiencia en términos de que Dios sólo le pedía que confiara en la misericordia divina.

De este modo las distinciones y sutilezas medievales quedaron suprimidas. La justificación se obtenía sólo por la fe (sola fide).

Por supuesto, la gracia de Dios era el agente, aunque la voluntad humana no colaborara. La justificación ocupó el centro de la fe cristiana en su conjunto.

Todo salía de ella: la capacidad para hacer buenas obras, incluso la participación en el sistema sacramental.

Se consideró que en esta idea se materializaba todo el problema que separaba a los protestantes de la Iglesia Católica.

Durante los siglos XVIII y XIX no se produjeron avances significativos en la interpretación de la justificación en la teología protestante ni en la católica romana.

El protestantismo liberal tendió a ignorarla, y el pensamiento católico romano conservó las doctrinas escolásticas.


El siglo XX

Los teólogos protestantes del siglo XX se han propuesto, una vez más, revalorizar las doctrinas paulinas de pecado y gracia. La doctrina de la justificación se ha reafirmado como parte de este renacimiento.

Esta teología es llamada con frecuencia teología de la neorreforma.

Sin embargo, la teología contemporánea difiere de la teología tradicional de la gracia en un aspecto importante.

El contexto del lenguaje de la justificación para los teólogos medievales y reformistas era concebido como una sala de tribunal en la que el penitente culpable era procesado, mientras que en el contexto del lenguaje bíblico era la alianza, lo que implicaba una relación personal.

En el siglo XX, la influencia de una aproximación a la teología mas personal y existencial ha llevado a los teólogos a estar más de acuerdo con el énfasis de los reformadores en la experiencia personal de la gracia.